Cuando nos conocimos sencillamente lo odiaba, pensaba que era la persona más creída y egocéntrica que había conocido además de indecisa, se acercó a mí, hablamos y nada más, bonita Navidad para mí aquella. Por causas del destino casi un año después volvimos a coincidir, mi imagen de él no había cambiado, es más se había acentuado, poco a poco se fue haciendo conmigo sin que yo me diera cuenta y así pasaron los meses, el sentimiento de indiferencia pasó a cariño, de ahí a la amistad y poco después cada vez que nos tocábamos saltaban chispas entre nosotros, pero nunca pensamos en nada que no fuera la amistad, al menos yo nunca lo pensé. Así pasaron los días, los meses... una noche el destino me puso a prueba, se dieron todas las causas que debían darse para que esa noche surgiera lo que hoy considero que ha sido el mayor error de mi vida. Todavía recuerdo como si fuera ayer cuando me pidió un beso por primera vez, lo besé tímidamente en los labios sin saber que aquel era el primer paso de mi propia autodestrucción, fue un beso de amistad, de cariño, de complicidad, de tantas y tantas tardes compartidas bajo un paquete de tabaco y unas cervezas en cualquier bar perdido de mi ciudad. Conforme pasó la noche, los litros de cerveza y la conversación hicieron lo demás, estuvimos acompañados toda la noche, tal vez por eso cuando la pasión se desató fue imparable, sin saber como acabamos solos metidos en su coche amándonos como si ese fuera el último día de nuestras vidas; para decepción mía el día siguiente existió, uno de los días más duros de mi vida, el sentimiento de culpa me invadía dejándome casi sin respiración, esa mañana hablamos y fue él quien me tranquilizó, eso pensé yo en aquel momento, pero no me tranquilizaba solo estaba llevándome a su terreno para anular mi fuerza interior, mis pensamientos sobre esa noche, lo que sentía, lo que no quería repetir y así regalándome el oído con palabras bonitas, hacerse conmigo. A partir de aquella noche hubieron otras muchas y cada vez más, éramos como dos ladrones teníamos que escondernos para que nadie supiera de nuestro amor, un amor que por aquel entonces no alcancé a ver que era imposible. ¿ Por qué nos escondíamos... ? porque lo nuestro no podía saberse, conforme pasaba el tiempo aquel sentimiento iba creciendo en mí hasta que llegué a enamorarme, me había enamorado de alguien a quien antes de amar había odiado, ¿ que extraño verdad?. Llegó el día en el que quise dar el paso y dejar de sentirme como un presidiario en fuga, poder besarlo sin tener que mirar primero para todos lados, poder pasear en el coche sin tener que recorrer más de cincuenta kilómetros con el fin de estar seguros de no ser vistos; así que hablamos y nos pusimos de acuerdo para enfrentarnos al mundo y contar de una vez por todas la verdad, nuestra verdad, como podéis leer por mis anteriores notas esto nunca llegó a suceder, todo quedó en palabras, solo actué yo, él se dedicó a engañarme, eran mentiras tras mentiras, llamadas sin contestar, sms que no llegaba a entender, desapariciones inesperadas, todo esto dio lugar a la desconfianza por mi parte, desconfianza que por desgracia me hizo darme cuenta que estaba en lo cierto, todas mis duras eran ciertas, aun no se como pudo... me había engañado durante todo ese tiempo, nunca pensó en estar a mi lado, nunca pensó hacer nada de lo que me había prometido, tantos planes, tantos sueños, tantas noches a su lado, se lo di todo, tal vez ese fue mi error, dárselo todo. Arrancaría las sabanas en las que durmió y les prendería fuego en la hoguera de San Juan, esa que dicen que es mágica y puedes pedir un deseo, rompería todas las fotos que tengo porque son todas una mentira, borraría las cartas, los mensajes, las conversaciones a media noche; quiero arrancarme este sentimiento del fondo de mí, no hablo del amor sino del sentimiento de engaño y decepción, arrancarlo y enterrarlo donde nadie pueda encontrarlo, nadie debería pasar por esto nunca. Aún después de tanto tiempo sigo recordando aquellas noches en un bar, riéndonos, jugando y no pensando en nada que no fuéramos nosotros, la situación llegó a un punto en el que no nos importaba quien hubiera delante, sin darnos cuenta que no estábamos solos y que tal vez nuestro amor no era tan secreto como pensábamos, todo era tan bonito... y ahora solo pienso ¿ de que me sirvió arriesgarme?, ¿ De que me sirvió creer de nuevo en el amor ?, de nada... todo esto solo quedará en recuerdos, recuerdos que para mí siempre serán dolorosos y para él quedarán archivados en algún lugar de su pequeño disco duro donde no se puedan recuperar pasado un tiempo. Él sigue diciéndome que me ama como el primer día, que daría su vida por mí, que soy lo más bonito que ha conocido nunca pero sigue sin arriesgarse, sigue sin darse al cien por cien solo puedo quedarme con el cincuenta por ciento y sencillamente no quiero; preferiría mil veces que me dijera que me odia, que se murió lo que había entre nosotros y que quiere que me aleje de él, a que me siga diciendo que me ama y verlo marchar... Siempre le dije que lo nuestro terminaría como Casablanca, Los puentes de Madison o cualquier otra película cuyo final borraría de las cintas de video, él siempre me dijo que subiría al avión que Humphry Bogard habia sido un estupido y que él no lo sería, el tiempo me ha demostrado que ya tenía el billete para aquel avión mucho antes de conocerme y nunca me lo dijo, no pensaba llevarme con él, llegado el momento viajaría solo. No sé si al menos he conseguido centraros en la historia sobre la que plasmo lo que siento cada día, ya ha pasado un año desde aquella primera vez, el final esta anunciando pero yo soy demasiado cobarde para dar el paso y él no quiere darlo, ya solo quedan ochenta y ocho días, tal vez cuando llegue ese día no volveré a escribir sobre esta historia nunca más. Un beso desde el recuerdo. |